viernes, 28 de abril de 2017
El futuro de los Consejos Reguladores
Asociamos el vino con el territorio que lo cría. De ahí la importancia que la DO tiene en la definición de cualquier vino, garantizando un mínimo de calidad a los atributos de la zona. Si la vuelta al territorio, al origen, es una tendencia, las DO tienen un papel fundamental.
La creación de Los Consejos Reguladores fue una muestra de vanguardia. Desde su función primera de garantizar el origen y evitar fraudes y falsificaciones, estos organismos de derecho público cumplen fines de control, defensa, gestión y promoción. Los bodegueros, cooperativistas, viticultores se muestras orgullosos de sus DO pero también recelan con frecuencia de sus Consejos
Reguladores.
A veces son percibidos como simples órganos burocráticos, rígidos, inmovilistas, caros de mantener, que encorsetan más que ayudan. De las más de 7.000 bodegas que existen en España, unas 4.000 se encuentran englobadas en alguno de los 69 Consejos Reguladores existentes. Cada vez que una de esta se sale de este Consejo, se aviva el debate, algo que es bueno pues hace sudar a estos Consejos y reforzar su necesidad de aportar valor añadido a sus amparados.
¿Tienen futuro estos órganos?. Por supuesto que sí, y si no existieran habría que inventarlos. Pero deben evolucionar al unísono de los cambios sociales, de las tendencias de productores y consumidores y de las posibilidades tecnológicas que nos asombrarán los próximos años. Además, el mundo del vino, en general, y los Consejos Reguladores en particular, deberán luchar por su consideración como alimento saludable y su diferenciación a todos los efectos con otras bebidas alcohólicas.
Incidencia de los cambios sociales en el consumo del vino
- El consumo de vino crece en el mercado nacional. Sin embargo, en los años 70 este consumo se situaba en 40 litros por persona al año, cifra que se ha ido reduciendo hasta los 21 litros en la actualidad. Aunque la crisis de la última década puede tener algo que ver, no cabe duda de que hay factores sociales detrás de estas cifras.
- Una sociedad urbana que consumirá naturaleza e idealizará lo natural. Ningún producto simboliza lo rural, como el vino. Esta tendencia de asociar el vino con la naturaleza y con el terreno, jugará a favor de las D.O. La nueva sociedad no querrá un vino a secas, sino un vino de una comarca y unir las características organolépticas de ese vino a las costumbres y a la cultura de la tierra que lo parió. Esta sensibilidad por lo natural exigirá además sostenibilidad en los procesos de transformación y crianza.
- Una sociedad obsesionada por la salud, lo saludable, la calidad de vida, el estar en forma y que aspira a la eterna juventud. El vino, a diferencia de otras bebidas, está adornado de atributos saludables que se deberán potenciar.
- Una sociedad a la que le atrae la cultura del vino. Consumirá tanto el alimento como la cultura que conlleva. La nueva sociedad no beberá vino sólo por sus atributos organolépticos o placer gastronómico, también lo hará para participar de la cultura y los valores que simboliza.
- Una sociedad digital que toma sus decisiones de consumo en Internet y que es al tiempo consumidor y prescriptor. El vino tendrá que dar la batalla en el espacio digital, encontrar su hueco y correlacionar su imagen virtual con su consumo real. Se regalará más vino en el futuro e internet será la mayor de las vinotecas.
- Una sociedad que exige calidad y diferenciación, un consumidor que quiere ser especial El consumidor exige mayor calidad, mayor diferenciación, mayor variedad, para ajustar el consumo a su propio gusto. Quiere sentirse especial y está dispuesto a pagar por ello. Este deseo de diferenciación ha permitido a algunas DO ofrecerse como alternativa a otras con un monopolio casi histórico.
- Una sociedad que envejece y que se hará más diversa El envejecimiento de la población es una certeza. Otra variable a considerar es la inmigración, la cual nos lleva gestionar esa diversidad de nuevos potenciales consumidores de vino.
- Una sociedad que no consume productos sino que participa en el relato que lo envuelve. El consumidor ya no compra productos, sino las historias que estos representan. El marketing ha pasado de la imagen de marca a la historia de marca. El Consejo es responsable de crear y vender el relato de la DO y el bodeguero, el relato de su propia marca. El sector debe saber trabajar con inteligencia su propio relato.
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