Vinos con alma, con corazón, que impriman un lugar, una zona, una procedencia, sin artificios, sin maquillajes, ...
Cada vez encuentro más la necesidad de beber esos vinos que me causan furor, inquietudes, que me erizan la piel, que me extrapolan a una región, a un contexto, una cultura, que tienen una larga historia que contar, ...
Ese nexo de unión viña-bodega debe estar plasmado en esa botella a partir de esa/s variedad/es local/es o pre-filoxéricas, vidueños, como quieran llamarlos es la necesidad de un consumidor cada vez más formado y con más conocimientos.
Por el contrario, me resisto a gastar en vinos con variedades foráneas, propias de regiones ya conocidas, la cuál queremos prostituir en zonas donde esa adaptabilidad no es total.
Cada zona tiene una historia que contar ... y es la que hay que exprimir en esa botella!.