jueves, 19 de marzo de 2015

Bochas


Dos empresarios gaditanos lanzan al mercado “Bochas”, unas pequeñas esferas, del tamaño de las huevas de salmón, rellenas de vino y que se rompen en la boca al comerlas.


En una pequeña fábrica situada en la calle Santo Cristo de Cádiz trabaja su socio José Manuel Barea. Tiene 39 años y es bioquímico y master en vitivinicultura. Son los propietarios de esta nueva empresa que comenzó a funcionar en la ciudad a finales de 2014 aunque hasta ahora no están comenzando a comercializar el producto ya que “las primeras unidades que sacamos nos las quitaron de las manos los amigos y la gente que ya había oído hablar del las bochas”.
Explico lo del nombre. “Las bochas” son unas pequeñas esferas. En el Sur de América se les llama así a las pelotas que se usan para jugar a la petanca y también se les llama así a las pelotas que se usan para jugar al polo.  A los publicistas de la empresa gaditana “GrupoIngenio“, que se han encargado de crear toda la imagen de la marca les pareció un nombre llamativo y que resume también el producto ya que el “chas del final recuerda al sonido que hacen en la boca cuando explotan”.





El formato no es novedoso. Estas pequeñas esferas con sabores dentro, y que Boto define como “el placer de comer vino” se basan en investigaciones realizadas en Francia en la década de los 70 del siglo XX. Eran los comienzos de lo que luego se ha llamado la cocina molecular o, lo que es lo mismo, el trabajo de cocineros y científicos juntos para crear nuevas sensaciones gastronómicas. Pero aunque el invento es francés, esta técnica de introducir sabores dentro de pequeñas esferas que te explotan en la boca, la hizo popular el padre de la cocina “del siglo XXI”, Ferrá Adriá, que popularizó las “esferificaciones”. La técnica consiste en lograr recubrir porciones pequeñísimas de algún producto con texturas semilíquidas con un película de alginato, un producto natural obtenido de las algas y que tiene la capacidad de formar una película sólida en torno a lo que contiene.
Adriá hizo famosa una esferificación con melón y después han venido muchas. La técnica la utilizan ahora bastantes cocineros innovadores sobre todo para decorar sus platos y es una técnica que se aprende en las escuelas de hostelería. Sin embargo la novedad aportada por la empresa gaditana gira en torno a dos aspectos. El primero de ellos es lograr hacer estas “bolitas” con un relleno de vino, un producto especialmente difícil para esta técnica. Luego, la segunda característica, es haber conseguido elaborar una maquinaria, ideada por ellos mismos, que logra hacer estas esferas, que se hacen en las cocinas de los restaurantes una a una, de una forma industrial. El tercer logro se relaciona con la durabilidad del producto. La técnica utilizada por la empresa gaditana logra ya tres meses de “estabilidad” del producto que se sirven sumergido en un líquido de conservación. Además no necesitan frío. De todos modos en Bochas trabajan para  lograr que el tiempo en que las esferas se mantengan perfectas aumente.
No es la primera vez que se intenta poner en marcha una empresa en torno a las bolitas de vino. Ya la firma jerezana Sánchez Romate hizo un primer intento en torno a unas bolitas rellenas de brandy y luego ya surgiría otra proyecto, Biogades, en el que estuvieron presentes junto a otros socios tanto Guillermo como José Manuel. El proyecto no llegó a consolidarse. Ambos se retiraron de la empresa y ahora han decidido intentarlo en solitario.
Bochas tiene actualmente en su catálogo tres productos. Son pequeñas esferas de Pedro Ximénez, de moscatel y de Oporto, un vino  dulce muy popular en Portugal. Por el momento trabajan con vinos dulces porque “son los que hemos visto que agradan más al público en este tipo de formatos”. También trabajan para lanzar alguna “bocha” rellena de algún espirituoso y esperan ir perfeccionando la técnica para hacer algo con vinos como el fino o la manzanilla.
El producto se envasa en tarros de cristal que contienen unos 60 gramos de producto, más de 300 esferas, según los cálculos de José Manuel y Guillermo. Ya se puede encontrar en algunas tiendas de la bahía de Cádiz como la tienda de vinos Magerit o el Colmado, la que tiene esta misma firma en el mercado central de abastos, la tienda especializada en gastronomía de la provincia de Cádiz, Pelayo, situada en la calle Cobos, o también en la taberna La Sorpresa en Cádiz, donde Juan Carlos Borrell, el propietario de esta peculiar establecimiento de la calle Arbolí no sólo las vende en tarros “sino que estoy ya poniendo alguna tapa con ellas”.
El gran campo de ventas que se abre para Bochas es el de “llegar a un público aficionado a la cocina que le gusta preparar platos novedosos y hacer en casa lo que ve en los restaurantes. Así una técnica hasta ahora exclusiva de profesionales muy preparados está al alcance de todos y por un precio bastante asequible ya que los tarros, que sirven para varios platos, están en torno a los 9 o 10 euros” destaca Guillermo Boto.


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