Estos diminutos insectos o arácnidos cohabitan con otros hongos como las levaduras en las botas de crianza biológica y aunque en ínfima presencia, incluso en alguna que otra vasija de crianza oxidativa, lo cuál incita a seguir aprendiendo sobre ellos.
Aunque en primera instancia podemos pensar que son contraproducentes para el desarrollo y descanso de nuestros vinos, la experiencia nos dice todo los contrario, esas notas tan características de ralladura de limón e incluso de citronela que llevan en su ADN muchos finos y manzanillas y que en su día pensábamos que eran responsables esas razas de beticus, caen a la mano de estos 'animalitos' que excretan feromonas y que en esos trasiegos de sacas y rocíos se desplazan al interior de la vasija donde forman parte de ese reino que se genera en la superficie del líquido.
Medios ácidos y corchas o perímetro del bojo, es ahí donde los podemos encontrar e incluso visualizarlos.
Sin más no olvidéis de pasar el dedo por el interior del bojo de una vasija que tal vez esa experiencia sea única olfativamente hablando.
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