viernes, 28 de marzo de 2014

Dos estilos de vinos blancos en España


Hay dos formas de extraer las grandes cualidades de las uvas blancas, es decir, de elaborar los vinos por parte de la bodega o de los enólogos.

Por un lado, están los vinos sencillos, frutales, armónicos y frescos, que tienen la gran virtud de ser fáciles de entender por el gran público, que ha hecho de ellos sus favoritos. Por otro lado, la segunda interpretación apuesta por esa complicada tarea de buscar mayor identidad varietal, del terreno o del entorno, que se gestará después de un concienzudo trabajo en la bodega. El resultado son vinos de altísimo nivel que hoy se comparan incluso con los grandes blancos del mundo, como los Chardonnay de Borgoña o los Riesling Alemanes, aunque las variedades sean muy distintas.

 La mayoría de los blancos españoles que encontramos en el mercado pertenecen al primer grupo. Vinos jóvenes, sencillos, con gran carga frutal, increíblemente seductores y con un precio asequible a cualquier bolsillo que en ocasiones puede llegar a ser irrisorio, aunque no por ello, exentos de calidad. Con el segundo grupo de vinos, el público no siempre se siente tan cómodo. Recientemente, un estudio sobre las preferencias y gustos del consumidor español, reveló que, en general, rechazamos los vinos demasiado ácidos. Sin embargo, esa acidez mordiente, en algunos casos, es la encargada de prolongar la vida de un vino todavía por desarrollarse.

 La gran mayoría de los consumidores saben que deben guardar un tinto con el tanino muy marcado, que mejorará en botella. Sin embargo, en general ignoran cuándo se debe guardar un blanco, quizá por la falta de costumbre, pues la mayoría del vino blanco que se consume en nuestro país es joven. Lo sensato, cuando encontramos un vino con una elevada acidez, poca expresión frutal o exceso de madera, sería conservarlo en nuestra bodega durante uno o incluso varios años para que la acidez y la madera se integren y aparezca toda su expresión frutal, pues toda su complejidad aromática sólo sera visible tras ese necesario tiempo de guarda. Si es capaz de esperar, encontrará un vino que no se parecerá en casi nada a la botella que
recordaba: aparecerán complejos aromáticos de mandarina, de jengibre, fusel, pomelo, rosa, miel, trufa, ...



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